No hay pesadillas en la muerte

En un mundo de palabras sueltas y vacías, fue necesario que alguien se diera la jeta contra el piso sin llegar a protegerse con las manos. Fue necesario que el cuerpo se quedara inmóvil, esperando. En un mundo repleto de indiferencia, fue necesario que ese alguien escribiese Literatura. De la pesada, de la jodida, de la que pocos disfrutan leer. No hace falta vivir mil años para tener experiencia.

Matías Fernández Burzaco no sabe lo que es correr, lo que es cagarse a trompadas por unas figuritas en el recreo, lo que es arrancar una flor de un jardincito cuidado. No sabe, pero sí sabe. Sabe mucho por observar y por ser observado. Entiende que en la podredumbre de las almas anidan paraísos. Un clic, dos clics, tres clics. Busca las palabras sueltas y vacías, se las apropia y las hace realidad, creando una belleza tan profunda como cruel. Matías también escucha. Y lo más importante: tiene miedos. Miedo a quedarse solo, a no poder respirar, a que sus amigos dejen de visitarlo, a que su vieja un día se olvide de él. En su Literatura no hay lástima ni consuelo barato. Lo que sí hay, es deseo. El tipo escribe en primera persona despedazando mitos. Se ríe. Se cuelga un pucho apagado en la boca. Confianza. Mueve la lengua, se toma su Coca Cola diaria, piensa en coger, en querer y en ser querido. Tiene muchos enfermeros, con y sin títulos. Su familia, sus amigos, los pagos, los que chorean, los adictos, los que no duermen: Los despiertos, diría él. En sus textos, las imágenes se congelan en cada frase. No cualquiera puede moldear la nada; menos aún, convertirla en una necesidad prácticamente fisiológica. Matías Fernández Burzaco tiene un chumbo en la cabeza que no para de gatillar ideas. En su primer libro (Formas propias), analiza lo que pocos se atreverían a reconocer de sí mismos. Entre idas y vueltas, caídas y abandonos efímeros –y no tanto–, escribe sobre una enfermera que siempre tenía frío, aunque el sol derritiera las piedras. ¿Y quién no sentiría frío o dolor o tristeza o alegría o todo junto, al leer lo que Matías narra? Me frené decenas de veces, sólo para decirme: “Mierda, tiene razón. Este loco tiene razón”. Apuraba la botella de vino y prendía un cigarrillo tras otro: me estaba desangrando; su escritura me estaba desangrando. Y no debe existir placer más excitante que el que nos sorprende. Lo raro y deforme en la Literatura de Matías Fernández Burzaco sobrepasa lo que podemos alcanzar. Y como finalidad, nos quedan dos opciones: leerlo, o conformarnos.

Amir Abdala

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El autor: Matías Fernández Burzaco (Buenos Aires 1998) es periodista y rapero. Tiene fibromatosis hialina juvenil, una enfermedad rarísima de la piel: en Argentina es el segundo caso. Anda en silla de ruedas y por las noches usa un respirador para dormir y no ahogarse. No toca, pero mira. Publicó sus crónicas y perfiles en La Nación, Perfil y Página 12. Es autor de los libros Formas propias. Diario de un cuerpo en guerra (Tusquets, 2020) y Los despiertos (Orsai, 2021). En Twitter es @MatiFBurzaco.

 

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