La rumanidad, al palo

Acerca del libro El Levante (1990) de Mircea Cărtărescu (edición castellana de Editorial Impedimenta, 2015).

Por Henry Béjar*


El tema del comunismo y la idea de libertad recorren toda la obra del rumano Mircea Cărtărescu  (Bucarest, 1956). Por supuesto, en términos comerciales, la etiqueta es atractiva, en especial para una Europa que aún disfruta asustarse ante los espectros del totalitarismo. De hecho, cuando la prensa extranjera pregunta por los gitanos, diplomáticamente, el propio Cărtărescu contesta que son “un pueblo interesante”, aunque también enviará a su guardaespaldas si en una firma de libros ve a algún chico coloradito. Cărtărescu, por lo tanto, trata a los gitanos con el mismo desdén que cualquier otro rumano. Y El levante (1990) es un libro que habla de eso: la rumanidad, su rumanidad.


Considerada una de las cimas de la poesía rumana y, para algunos, de la poesía europea, El levante consta de doce cantos acerca de una puesta en escena teatral que pronto se convierte en una parodia metaliteraria al estilo de una caja china, donde una historia funciona dentro de otra. El personaje principal es el narrador Mircea Cărtărescu, otro personaje es Manoil, el soñador libertario, junto a su hermana Zenaida, que son valacos; por otro lado está Yogurta el pirata, un arumano griego; Languedoc, un francés; y Iancu Aricescu y Leonidas, el antropófago y su mono. Todos se unen por la libertad de Valaquia, “este pueblo esclavizado que no puede soportar más las vilezas y los saqueos del griego y de sus malditas víboras” bajo un tirano con un doble status. Pero el tirano, nos dice El levante, siempre estuvo dentro, pues quienes realmente han vendido al país, ayer y hoy, son las mismas autoridades rumanas, y por eso en la novela la figura del héroe que lucha por la libertad es, también, el que ha traicionado a la patria.



En los distintos capítulos de esta historia, por otro lado, se despliegan las leyendas, los dichos y los hechos históricos novelados sobre el ser rumano o, al menos, sobre lo que El levante quiere decirnos que es el ser rumano. Es por eso por lo que, entre otros elementos típicos, Manoil representa a los héroes nacionales que lucharon contra el Imperio Otomano y Zenaida las contradicciones e inestabilidades femeninas que bien conoce Cărtărescu (pues tiene otro libro dedicado a la mujer rumana, ¿Por qué nos gustan las mujeres?).



Escrito en su lengua original en versos con intervenciones de un narrador, El levante resulta casi intraducible a cualquier otro idioma. En rumano, el libro es preciosista, poético y sobre todo “posmoderno”, como lo llamaron desde su publicación, ya que habla acerca de su propio proceso de escritura, se involucra en distintos grados de metaficción y pastiches, juega con la intertextualidad y no le escapa al humor ni a la ironía. Pero también hay que decir que si el posmodernismo apareció en la década de los sesenta, Cărtărescu escribió su libro en los noventa, es decir, cuando Rumania ya había salido del comunismo junto a una generación llamada “Generatia in bluge» (generación en blue jeans), que compraba de manera clandestina libros y películas occidentales. Cărtărescu, por lo tanto, escribió un libro “a la altura» de Occidente, aún si esto significaba volverse inaccesible a muchos lectores rumanos. Pero, ¿El levante es “posmoderno” traducido al castellano?


El mismo libro se delata cuando, en el segundo canto, se menciona a Jorge Luis Borges, cuya referencia aclara las intenciones y la estructura. En el primer canto se lee: “¿Cómo es que tu ojo de brillos ambarinos no ve la noche que colma mi pecho, la congoja que invade mi mente desde que desperté de mi letargo y comprendí que soy rumano?”. Sin embargo, lo que en la versión castellana se presenta como interrogación, en rumano es un reniego de tristeza profunda entre signos de admiración. El levante conserva mucho de los elementos de novela posmoderna en la versión castellana, pero sabe “descafeinado” de su versión rumana, para lo cual habría que aprender rumano, y eso es casi imposible para el gran público.


Marcado por una relación de amor-odio con Occidente, El levante insiste en que la rumanidad es una puesta en escena, si bien fuera de Rumania lo primero de lo que se habla es del comunismo, es decir, de lo que El levante dice sobre el régimen político anterior a su publicación. Es verdad que el libro, incluso en su versión rumana, habla de totalitarismo (al menos en la vida real rumana, y no solo porque los jefes comunistas todavía continúan en el poder), y es por eso por lo que Cărtărescu, hasta hoy, no se pronuncia con firmeza contra el gobierno ni toma posición como su admirado Vargas Llosa. La referencia histórica de los “vaivodas” del pasado rumano, que explotaban al pueblo valaco, hace que muchos lectores (y sobre todo críticos) piensen que habla del comunismo, aunque basta leer el prólogo en la versión castellana para destejer el equívoco. Por otro lado, al referirse al totalitarismo, habla de un tirano que ejerce un poder que coloca en juego la libertad, ¿y no hace esto que el libro se pueda leer aún ahora?


* Graduado en Derecho; máster en Arbitraje internacional Comercial | Twitter: @Henry_Bejar

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