Sobre las nuevas formas del Reconocimiento, por Laureano Pintos

Como cualquier día, alguien escribe en su muro de Facebook que se le rompió la computadora justo en el momento que más la necesitaba. Escribe no para solicitar los datos de un técnico ni recomendaciones varias, sino que expresa un estado. Da a conocer, avisa, hace saber, a quien quiera leer, que su computadora dejó de funcionar en el momento que más la necesitaba.
Debajo del breve texto, varios contactos se “solidarizan” seleccionando y mostrando el estado me entristece. Sin embargo, no faltará alguien que decida aprovechar el aviso para relatar, en primera persona, las veces que algo se le ha roto, sino también los inconvenientes sufridos en el ambiente familiar. Desde olvidarse la hornalla de la cocina encendida toda la noche hasta el otro día que se levanta para salir hacia su trabajo, o la puerta abierta de la heladera todo el fin de semana que pasó en unas termas artificiales, aclarando que para usar la malla esos días estuvo sin comer una semana. Otro día, alguien encuentra un perro perdido y sube una foto al Twitter con el fin de buscar al dueño. Minutos después alguien contesta: yo tengo uno igual. Y otro agrega: yo también, tengo dos y son muy cariñosos con los niños.
Quiero decir, las escenas descritas se repiten, no parecen ser la excepción sino la regla que podría resumirse así: se publica algo cuyo contenido pude transformar la realidad o ser sumamente irrelevante, da igual. Luego los lectores tomarán el texto con el único fin de relatar su propia experiencia.
Todo indicaría que el buen entendimiento (que de por sí es difícil), lejos esté de producirse, ya que el funcionamiento de las relaciones sociales, dentro de la Red, nada tiene que ver con producir efectos de comunicación. Algo que el psicoanálisis supo desde sus inicios, que el lenguaje no tiene como fin comunicar. Se infiere entonces que suele prestarse menos atención a lo que el interlocutor dice y más a lo que se está pensando en contestar. De manera que las Redes destacan aquello que ya existía antes que ella, un narcisismo exacerbado y autorreferencial que se “comparte” o, mejor aun, que hace eco en un monólogo colectivo. “Todo lo que sucede está referido a mí”, escribía Daniel Paul Schreber en sus memorias a comienzos del siglo XX. Diez años más tarde Freud analizaría esos textos para desarrollar su teoría sobre la paranoia e introducir, por primera vez, la noción de narcisismo. Que sencillamente podríamos definirlo como ese amor hacia sí mismo que encontramos en los primeros años de vida y que luego sublimamos trasladándolo a los objetos del mundo externo. Imagen. Apariencia de aquello que soy y que el otro me devuelve. Si hablamos de narcisismo en las Redes, ¿hacemos referencia a un mecanismo similar?
Podría ser, pero sea como fuere, lejos estamos de la comunicación con semejante caudal de información. Asistimos a una era de monólogos solitarios compartidos de manera masiva.
Según el Dr. Luis Hornstein (psicoanalista argentino) podríamos hablar de un narcisismo malsano ya que consiste, más que en un exceso de amor propio en su falta crónica, y, por ello, el narcisismo realiza esfuerzos insaciables por sustituir el amor propio por la admiración extrema; interés exclusivo por uno mismo.
Facebook es una Red “social”, una de las tantas Tecnologías del Yo, que respeta una estética y una forma de sensibilidad en la que el gusto es una proyección del propio yo, donde comentar un posteo es la invitación para hablar de sí mismo. Lo autorreferencial se exacerba porque el yo se identifica con aquellas cosas que ya le gustan. Así se ratifica lo que ya se sabe manteniendo la imagen ideal sobre sí mismo intacta. Y aquella otra sensibilidad que podría poner en cuestión la reafirmación de nuestra propia opinión se bloquea, se la expulsa de nuestro horizonte sensible o, en muchos, casos se la ignora.
La primera imagen que se me impone es la de un perro mordiéndose la cola. Si no fuera que se intuye que lo que se escribe está dirigido a alguien la hinchazón yoica sería insoportable. Y viviríamos alrededor de nuestro ombligo.
En las Redes no sucede el debate. Nos vemos obligados a responder lo más rápido posible, debido a que al identificarnos narcisísticamente a lo escrito por el otro, en el mismo acto, le exigimos su atención. Entonces la reflexión y la argumentación no parecen tener lugar. La imagen se impone sobre la palabra. La imagen predomina al igual que el narcisismo por ser siempre virtual. Además la pantalla aumenta la idea de que nos hablan a nosotros de manera íntima y personal.
Al fin y al cabo, nada más ilusorio y eficaz que la certeza de que todos estamos interactuando, pero en realidad somos cuerpos aislados delante de una pantalla, ligados a plataformas, televisores, celulares, videojuegos, en mundos donde la socialización es virtual, atrapados y pegoteados por los tejidos de la misma red. Donde el roce no hace falta.
Me pregunto, cuanta proyección de amor, estima e interés nos otorga un me gusta, cuando el narcisismo está dañado, tan solo con un clic.
O el pestañeo de clavarme el visto.

 

Laureano Pintos nació el 20 de diciembre de 1975 en Arrecifes. Psicoanalista, Licenciado y Profesor de Psicología. Ha publicado algunos artículos en el diario Página Local de Arrecifes sobre Psicoanálisis y Cultura. Autor de los poemarios: Campos de Agua, ed. Al Margen (2010); Kamikaze, ed. Al Margen (2011); Cacería (2012); Paisaje Genealógico, ed. Al Margen (2016); ¿Otra vez la cigüeña? (2016); Gris, ed. Paréntesis (2017). Hembras, ed. Paréntesis (2018); y Tiritas de Sueños, ed. Paréntesis (2018) Mediocresía, ed. Milena Pergamino (2019), y Revolución de la Alegría, ed. Paréntesis(2020).

 

 

 

 

Un comentario sobre “Sobre las nuevas formas del Reconocimiento, por Laureano Pintos

  1. mariagladysls Contestar

    Muy bueno lo de ‘monólogos solitarios’, en esta época de stand-up, de literatura+periodismo donde importa llenar 600 págs. o más. Pero no será la necesidad de autorreconocimiento algo así como la búsqueda de sobrevivir, de permanecer? Porque ese stand-up es un querer aplastar al rival.
    Y en cuanto a que el lenguaje no es comunicación, las y los que luchan por el lenguaje inclusivo parecen no saberlo

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