«La educación es una novela de mil quinientas páginas», por Ernesto Sábado

LA EDUCACIÓN ES UNA NOVELA DE MIL QUINIENTAS PÁGINAS (DE PARO Y EN CARPA ROSA) – ERNESTO SÁBADO

 

DÍAS DE UN PAÍS EN LUCHA: ARROZ Y GAS PIMIENTA

Soy el profesor hijo de yuta de otro libro pero acá cuento la posta, lo que peliamo en la escuela, juera de la escul. Y la voy a contar como se canta, como la bosta misma, como la mierda de este íspa (país al vesre, pa que aprendan algo como la tegen, pendejos) y dejo de putear porque esto es un texto educativo, che, qué tanta mierda ni ocho cuarto. El editor me dijo que si lo vendemos bien podemos cenar en mc pato y hasta tomar un dohela, así que, pendejos chongos, colaboren con el profe, y ustedes docentes colegas, también, pidan este volumen en sus librerías más cercanas o por feibuk. Pero basta de cháchara.
Hoy arrancamos las clases de paro. Le metimos carpa rosa porque una maestra Setera grande como una puerta la destiñó. Hasta la olla popular veníamos bien. Pasamos del cacerolazo al arroz. Teníamos hambre. Creo que fue a mí al que se le ocurrió tomar una escuela. En realidad no fue a mí, pero como soy el que la cuenta, queda bien. La idea surgió cuando la yuta vino y nos sacó de la plaza. Llegaron escudo tortuga y nos cagaron a palo y pimienta. Le digo a un cana, tirale un poco al arroz que está desabrido y me comí otro palazo pero no del milico, de la cocinera, la Setera que había desteñido la carpa. Qué decís de mi guiso, salame.
Mientras corríamos, alguien gritó:
–¿Y si tomamos una escuela?
–¿Y si tomamos un colectivo?
Y así llegamos, en cole, yo del lado de la ventanilla. Me gusta mirar pa afuera, la gente, los pájaros, los perro, los auto.
Tomamos el Colegio Normal. Entramos todos corriendo por los pasillos:
–Escuela tomada, escuela tomada.
Yo pensaba que esa noche, al menos tendría techo. La verdad era que hacía tiempo que vivía en la plaza, me habían desalojado por falta de pago, mis viejos no me reconocían y mis amigos tampoco. Yo me venía acomodando bajo el toldo de una calesita, apenas cerraba el dueño, y me aparecía en la escuela más temprano pa desayunar con unos mates aunque sea. Lo de la carpa rosa había sido una hermosa propuesta reprimida en el intento.
La cuestión fue que ni bien tomamos el Normal los porteros nos dijeron:
–Ma´ qué van a tomar, ustedes, la escuela es nuestra –y nos barrieron a escobazos.
–Acordate de mí –le dije a uno con el que solía tomar mate –soy tuyo…

 

A LA CUCHA

Me vi durmiendo carrusel abierto y lagrimié un poco.
–¿Qué te pasa? –me dijo la Setera. –¿Es el gas pimienta?
–No tengo casa –le dije.
–No seas Boby, yo tengo una cucha.
Y ya que me había puesto nombre de perro, le moví la cola.
Esa noche dormimos. Me dio una bandera del gremio pa envolverme en la cucha y hasta cantamos una marcha. Eso sí, al otro día me despertó a puro bombo. Vamos pa la plaza, hay arroz, y yo festejé. Con este gobierno, la cosa estaba cambiando.

 

LAS AVENTURAS DE JUAN ESPADA

Juan Espada es un alumno repitente, guacho. Hace años que lo conozco. Su espada vale más que el apellido. El otro día quiso cortarle la oreja a uno y se atascó en la silla. Entre gritos salgo a buscar a la preceptora. Me la encuentro en corpiños, casi en toples, en el kiosco de la escuela, regateándole un sánguche a Robert, el bigote capitalista del recreo.
–Juan se atascó.
–Podés esperar que estoy ocupada.
En eso aparece mi amiga Setera y le dice:
–¿No te das cuenta de que Boby te necesita?
–Ernesto remarqué… Ernesto Sábalo, perdón, Sábado digo.
–¿Este Bobo? –dijo Marcela mirándome.
El kiosquero ya desinteresado había empezado a guardar los sánguches de paleta y queso bajo la campana de vidrio.
–Esperá, Robert –le dice Marcela, señalando sus pechos cuasi desnudos.
Robert se afinó el bigote y nos señaló con el mentón, a Setera y a mí.
Marcela nos mira, medio labio caído, muy de chica top anti nerd:
–Se pueden ir que estoy ocupada.
–Vamos, compañero –me dice Setera.
En dirección, nadie. Llamamos a los bomberos. Vinieron, destrabaron a Espada, nos regaron las plantas y le bajaron el amante a la vecina, que lo tenía arriba de la noche anterior.
Después me la crucé a Marcela, mi PR, comiendo un sándwich, creo que me ignoró para no convidarme. Es hermosa. Cuando cobre, juro le compro una coca, o tal vez… si Robert se duerme… quiente dice, por ahí meto adelanto.

¿LA VISTE A MARCELA?

Estoy en clase. Mis alumnos entusiasmados. Uno juega con el celu abajo del banco, otros escuchan música, un par se besuquea en la fila del medio, tres se sacan selfies, y el de adelante me mira dedo en nariz y se come el moco. Yo:
–Hoy vamos a ver… salí de ahí, Juan. No, en el enchufe tampoc…
Pendejo de mierda. Saltaron los tampones, la madre que lo parió. Nos dejó sin luz.
Voy pa la dire, al pedo porque nunca hay nadie. Por ahí me rajo yo también total no se ve nada.
Paso por el pasillo oscuro y la única luz es del quiosco interno de la escuela, el de Robert, que tiene generador propio. Está mirando para arriba. Su lapicera en la oreja apunta al cielo, mira pa arriba ojito cerrado, mueve la boca como pez, o duerme o reza. Recuerdo la coca cola pa Marcela y me le acerco un poco. Total con ese foco no se ve mucho. Me sigo acercando y lo escucho al viejo.
–Qué haces.
–Ah, Robert, ¿la vio a Marcela?
Y ella sale de abajo, agachada:
–Qué mierda querés ahora.
Y descubro que tiene bigotes, como el viejo…

 

VIDA DE PERRO

La vida con Setera es tranqui. Nos llevamos bien. Me lavó la bandera pa que me enrosque calentito y me entró la cucha al living.
–Mi Boby no puede dormir afuera.
Temo a que me invite a su cama.
–¿Te acordás cuando nos conocimos?
–Sí, casi me desnucás.
–Qué yuta hija de yuta esa, tirarle pimienta al arroz, con lo rico que me sale.
–Y pegarnos, querida… pegarnos.
–Encima los guachos se reían de la carpa rosa.
–Mierda que son.
–No sé por qué todo lo que meto al lavarropas sale rosa.

Esa noche nos dormimos temprano. Yo en la cucha. Soñé con un elefante rosa. Me enroscaba con la trompa y se me tiraba encima.
Cuando me desperté tenía la frente mojada y Setera me estaba acariciaba el pelo.
–Estaba pensando en Marcela –le dije.
–¿Qué Marcela?

NO PODEMOS SEGUIR ASÍ

Despierto. Lo primero que descubro es a Setera. La veo y me sonríe.
–Vamos a la plaza, hay arroz.
Quinto día de paro.
Salgo de la cucha, y voy pa el baño:
El espejo me mostraba mi pelo virulana estirado, bigote y barba resorte. Me vi turco terrorista de película yanqui y dije:
–Ernesto, si quieren meritocracia, se merecen más.
Salí del baño con la cara mojada y le dije a Setera:
–No podemos seguir así.
–Adónde te creés que vas –me dijo mientras me agarraba del brazo, fuerte.
–Me voy a la escuela.
–Estamos de huelga, pichicho, te recuerdo –me recordó la impertinente.
La miré, solo la miré, le mostré los dientes y gruñí. Me soltó y salí dando un portazo.
Subo al colectivo.
–Boleto.
–No tengo y no pienso pagarte –le dije al colectivero.
–Qué decís.
Pero las gotas del pelo me chorreaban como grasa. Y me vi en el espejito. Tenía los ojos rojo inyectado.
–Manejá tranquilo que me bajo en dos cuadras.
El tipo tragó saliva y siguió.
Me bajé en el Normal. Había algunos porteros custodiando escoba en brazo.
–Escuela cerrada –me dice uno cuando estoy por entrar.
Antes de que cierre, apoyo el pie y trabo la puerta con la punta.
–Escuela tomada –le muestro los dientes y lo salpico con mis rulos Bob Patiño.
El tipo abrió y yo me sentí un poco más fuerte en este mundo que aplasta.
Voy al patio y la encuentro a Marcela, agachada, con Robert, el kiosquero. La levanto de un toque, le saco el pancho que tiene en la boca y se lo paso por la cara al viejo Roberto.
–Ella es mía, entendiste. La escuela es mía. Entendiste. El kiosco es mío. Entendiste. Escuela tomada, Marcela tomada, kiosco tomado. Tomatelá.

¿CÓMO SEGUIRÁ ESTA TOMA DE ESCUELA O DE PELO?
CONTINUARÁ…

Para saber hacia dónde va, también es necesario saber de dónde viene este Maestro: El profesor hijo de yuta.

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